viernes, 30 de julio de 2010

Church Fair

Quizá sea por mi gusto insatisfecho de maruja de mercadillo, pero si hay una cosa que adoro de Irlanda son sus charity shops, bootsales y demás ferias en las que objetos de todo tipo están a la venta por un muy módico precio. Preveo que de ellos, hablaré en más ocasiones a lo largo de esta mi andanza.

La semana pasada estuve en Portrush, un coqueto pueblo pesquero de la costa norte donde cada verano una de las iglesias locales lleva a cabo su feria anual. Cuando en España hablamos de feria en seguida nos imaginamos un solar lleno de coches de choque y demás atracciones, puestos de perritos calientes, nubes de azucar y mucha gente que, con la excusa de la celebración a un sant@ de la que ya nadie se acuerda, va a disfrutar del jolgorio pagado por el Ayuntamiento de turno.

The Church Fair de la Holly Trinity Church en Portrush no se parece en nada a nuestras fiestas. Es una feria para la que todos los parroquianos se reunen con el fin de conseguir dinero para pagar las reparaciones de su iglesia. Veo que alguno puede saltar con aquello de, "la Iglesia... ¡ladrona!, ¿para qué quiere más dinero?" Seguro que en un sin numero de ocasiones el lema está justificado pero en esta parte del Atlántico a menudo las comunidades se mantienen a si mismas y, el significado de Iglesia, tiene más sentido de a lo que estamos acostumbrados.

Todo el mundo participa con sus trastos viejos y los trastos viejos de otros para venderlos durante un día que, si tienen suerte, se mantendrá seco. Los niños se disfrazan y se pintan la cara con colores vivos para alegrar el día a todos, y de paso, tentar a otros niños a que caigan en los brazos de sus artistas :) Los mayores atienden el puesto de salchichas, hamburguesas y helados, así como los puestos de cacharros varios, libros, flores y, mi favorito, el de repostería casera. Todo aquel que quiera tener una experiencia auténtica de Irlanda no puede pasar de probar la mermelada de rubbarb que la mujer sonriente de la fotografía sabe hacer.


Yo y la madre de mi novio, mi primera y eterna guía de lo irlandés, fuimos a la feria y, además de satisfacer las demandas culinarias del puesto de repostería y de comprar una plantita de flores rosas, recorrimos todos los puestos. A la venta había desde cacharros de cocina, jarrones, adornos, libros y joyas hasta muebles enteros y verdaderos. La mayoría de los objetos son de segunda mano, pero se encuentran en condiciones que bien quisieran algunos productos nuevos y, al fin y al cabo, ¿quién puede resistirse a un completo y hermoso juego de tazas y tetera por tres libras?

No se me ocurre un lugar mejor donde disfrutar de un día entre familia y amigos, reciclar lo que ya no necesitamos en casa y contribuir a tu propia comunidad en un fin -bendita sea la palabra-común.

Este año la lluvia ha tenido misericordia de ellos y les ha dejado disfrutar de su día sin contratiempos. Espero que hayan podido cubrir un poquito más la deuda que les dejó el techo de su querida iglesia en la que, ya sin goteras, cada domingo van sus parroquianos a rezar.


jueves, 29 de julio de 2010

Tattoo

Siempre me ha impresionado la cantidad de gente en Belfast que parece adicta a los tatuajes. Me pregunto qué tienen de especial para que tantas personas permitan que su piel sea tatuada de por vida con todo lo hermoso y terrible que ello pueda conllevar. Posiblemente tenga algo que ver con la moda, lo cual, no deja de ser un motivo lo suficiente fuerte puesto que, nosotros, los humanos, siempre hemos sido víctimas de nuestro tiempo y de sus gustos.

Pero me niego a pensar que se trata de un asunto de pura estética. La mayoría de las ocasiones los tatuajes tienen algún significado implícito el cual, en el momento que nos sentamos en la silla enfrente de nuestro artista, pensamos será algo que merezca ser recordado por siempre jamás. Apuesto a que muchos se arrepienten y desearían volver atrás en el tiempo y deshacer lo andado. Pero, como todos sabemos, el tiempo, gran traidor, nunca se apiada de los mortales.

Michael, nuestro fiel y afanoso portero, me ha enseñado hoy un tattoo muy especial que, por cierto tengo, jamás se arrepentirá de haberse tatuado más de lo que se entristece del motivo por el que lo hizo. Es curioso lo que la gente con la que te cruzas cada mañana puede guadar. Michael, detrás de ese tatuaje, guarda mucha pena, una pena tan infinita como la tinta que surca su piel.

El tatuaje tiene forma de corazón que yo imagino como el suyo propio, rojo y latiente; justo debajo, aparecen tres nombres. El primer nombre es el de la primera en morir, su mujer. El segundo nombre es el de uno de sus hijos que murió de tres heridas de bala en la cabeza durante el periodo de The Troubles. El tercer nombre es el de otro hijo que, tras sufrir la pérdida de su madre y de su hermano, desquiciado de dolor, se colgó en el garaje con una soga.

Después de leer esta historia, vuestra cara se puede parecer a la que se me ha quedado a mí hace unos minutos en el portal cuando mi portero ha vómitado su relato, y digo "vomitar" porque "contar" sería un verbo demasiado contenido para describir cómo un hombre que ha perdido tanto expresa su dolor a un extraño de una forma tan precipitada y sangrante. Una vez más, me doy cuenta de lo poco que entiendo el pasado de esta tierra a la que tan unido tengo el alma. Lo siento por Michael y por todos aquellos que después de la guerra, de aquí, de allí y de todas partes, siguen teniendo pesadillas.

Pero no quiero terminar la historia sin un pequeño giro a la historia que, aunque no elimine el pesar, sí abra una brecha de esperanza en este nuestro mundo. Antes de marcharse a su sesión semanal en el psiquiatra, Michael se ha dado la vuelta y me ha dicho con una media sonrisa: ellos se han marchado, pero esta tarde voy al hospital para ver a mi hija y a mi nuevo nieto, ¡me han hecho abuelo otra vez!

La nueva vida, libre de rencor y de memorias negras, surge ahora y siempre detrás de una tormenta. Tenemos en nuestras manos la responsabilidad de sembrar el pecho de los que vengan con bondad y amor, para que los repartan por el mundo y sea cada vez un poco más hermoso; con menos lágrimas y más sonrisas; con menos guerras y más fiestas que celebren que estamos vivos.

jueves, 8 de julio de 2010

Una crisis interminable...

Tras una semana de silencio, vuelvo a recuperar la codiciada conexión a Internet. No obstante, no tengo de qué escribir. Imagino que todos aquellos que hayan comenzado un blog tan anárquico como el mío se han visto atrapados por este no sé qué de la falta de inspiración. Pero hay que seguir, siempre adelante. Pido perdón a todos aquellos que puedan aburrirse por mi insistencia inútil.

El motivo principal de mi falta absoluta de ideas es que mi musa y el motivo de que está página exista está lejos de mí, allá, cruzando el mar. Después de una semana en España, sólo puedo pensar en mi país y en sus cosas. Ahora quisiera tener un blog dedicado a él, pero en lugar de eso, se me ha ocurrido utilizar de plataforma esta página y jugar un poco con aquellas comparaciones tan odiosas y que, a veces, son tan necesarias.

Hoy he cruzado la Mancha en autobús de camino a Toledo. Seis interminables horas abatida entre el sopor de los descansos y el invierno del aire acondicionado. El paisaje que he visto por la ventanilla me ha hecho llorar. ¿Qué hemos hecho con nuestros campos? ¿y qué estamos haciendo para curarlos? Las praderas recuerdan a un desierto, los pocos árboles tuertos que aún perduran intentan sobrevivir asfixiados y la tierra está desnuda, desprotegida; una madre cada vez más infértil y abandonada.

Mientras tanto una economía insostenible basada en la construcción y el despilfarro sigue exprimiendo la poca leche que al cántaro le queda, sin ver que hay un mundo más allá del ladrillo que el gobierno podría estar financiando para que todos vivamos en un mundo mejor, más verde, o al menos, no tan muerto.

Mi cabeza, hasta ahora resguardada en la ignorancia, se llena poco a poco con la misma conversación que todo el mundo tiene en las calles, con odio contenido, rabia contra políticos incompetentes e inconscientes y un profundo sentimiento de desesperanza. Paro. Recortes. Políticas de choque. Crisis.

Recuerdo que cuando llegué a Irlanda me fué invadiendo de una forma dulce y suave un optimismo alegre y alentador. Todo el mundo sonríe ante una aventura tuya y cualquier cosa que hagas durante el día tiene el potencial de ser especial y fantástica. You can do it, no es sólo un lema publicitario sino una filosofía de vida que se contagia y que hace sentir casi invencible. Ahora percibo por qué me resultó en su día una aptitud tan diferente a lo que estaba acostumbrada y me apena infinitamente que los míos no sean capaces de saborearla con tanta fuerza, hundidos en el ambiente de crisis y de desastre.

Siempre nos quedará el mundial... aunque, a modo de solidaridad, los futbolistas bien podrían invertir sus ganancias en ayudar a toda la gente que, por primera vez en mucho tiempo, llena de orgullo, ha llenado los balcones de sus casas con la bandera de España.


martes, 29 de junio de 2010

La Lista

Un libro compuesto por una lista interminable de nombres a lo largo de 200 largas páginas puede resultar el objeto más tedioso y estéril jamás encontrado. Eso pensaba yo hace una semana. Hoy por hoy, antes de juzgar una lista, miraría el título de la misma y buscaría por el punto en común que todos los nombres tienen entre sí.

Hace unos días vino un experto de libros antiguos a la charity shop de libros de segunda mano en la que desde hace ya un año suelo ayudar unas horas a la semana. El susodicho experto, del cual por respeto no revelaré el nombre, cada semana nos deleita con las pepitas de sabiduría que le dan los años para poner precio a las extrañas y extraordinarias copias de libros sobre Irlanda que nos llegan a la tienda.

Uno de los libros que abrió era un listado de nombres en el que aparecían todos y cada uno de los muertos durante el periodo de The Troubles en Irlanda del Norte. Aquellos nombres y apellidos tenían en común haber muerto en una guerra larga y terrible de la que la mayoría reniegan hoy. Aún así, no me di cuenta de la trascendencia de la lista hasta que se abrió por la página equivocada.

El hombre abrió el libro con tal puntería que llegó a leer el nombre de unos familiares perdidos en un tiroteo en Derry. Los ojos se le llenaron de lágrimas y no fue capaz de poner precio al libro. Lo echó a un lado y pidió disculpas. Fue entonces cuando me di cuenta del poder de la lista, que a primera vista encontré vacua, carente de significado. Los caracteres impresos dejaron de serlo y cada línea se materializó en una persona de carne y hueso fallecida por una violencia extrema que aún hoy hace llorar a los que quedaron atrás.

Llevo dos años viviendo en Belfast y hoy por hoy todavía no soy capaz de comprender lo que no hace tanto era una realidad aplastante en estas calles. Lo que sí comprendo, admiro y respaldo es las ganas y la energía que todo el mundo pone en que el odio y el rencor se olvide y un tiempo expléndido de paz y respeto mutuo venga a reinar en Irlanda del Norte.

lunes, 28 de junio de 2010

Lady Dixon's Park

Mi primera entrada va a ser de color verde porque es una obligación hacerle justicia al nombre tan poético, y no poco merecido, por el que The Emerald Island se conoce en todo lo largo y ancho del planeta. Aunque, para no falsear la verdad, la leyenda olvidó mencionar muchos otros colores: rosas, rojos, blancos, amarillos y naranjas radiantes que se exhiben coquetos en parques, ríos y praderas.

El sueño de todo buen amante de la naturaleza en Irlanda es tener una parcela de hermosura en los confines de la casa propia. Muchos, tienen la suerte de tener un jardín propio en el que mancharse las manos y aspirar el aroma de la hierba recién cortada; otros, como es mi propio caso, nos tenemos que conformar yendo a visitar los ajenos, lo cual es un placer no falto de gracia.

Ayer fuimos a pasear al jardín de Lady Dixon, una mujer muy especial que a su muerte en 1959 cedió su legado a Belfast, razón por la cual, yo y tantos otros podemos adoptarle como nuestro propio jardín con la gran ventaja de que sus cuidados no corren de nuestra cuenta.

El parque de cuento de hadas se construyó con mimo desde que los Stewarts, una familia escocesa, comprara el terreno y mandara erigir la mansión en el siglo XVIII. Sir Thomas and Lady Dixon compraron la casa a principios del siglo XX y comenzaron a convertir un terreno que había sido más dedicado a la agricultura que al placer, en uno de los jardines de rosas más hermosos del mundo.

Como no podía ser menos, la casa y sus jardines están llenos de historias. Durante la II Guerra Mundial, las tropas americanas estuvieron en Belfast y acamparon en los prados de la casa, mientras los oficiales dormían mucho más cómodos -y alejados de la lluvia- en el interior de la casa. Se dice que Lady Dixon fue una anfitriona fabulosa y cuidó a los soldados con devoción de madre. Quién sabe si a la pobre le quedaba otro remedio...

Cuando la casa pasó a manos de la ciudad de Belfast, las rosas comenzaron a poblar cada rincón. Todos los años hay competiciones internacionales en las que las flores más hermosas, olorosas y bien cuidadas del mundo compiten en belleza. Todos los años el jardín alberga 45.000 rosas en flor que resulta en un mosaico que sería la envidia de la paleta de cualquier pintor.

En julio se celebra The Roses's Week y el parque, en su momento de mayor explendor, se llena de los sonidos de arpas, música jazz, bailes irlandeses y gente disfrutando del sol y de las flores. En este lugar, es donde mejor se puede entender el placer de un mantel de picnic bajo el sol.

Por este jardín, por el verde, por los rosas, blancos y amarillos, y por muchos otros lugares aún por descubrir, merece la pena la eterna lluvia del invierno y el gris de las nubes. ¿No creéis?



http://www.belfastcity.gov.uk/parksandopenspaces/ladydixon.pdf



Bienvenida

La bienvenida debe ser corta porque lo mejor siempre está por venir. Mi nombre es Cristina y soy una toledana que vino a parar a tierras irlandesas llamada por el amor de un hombre. Hace dos años casi exactos que vine a Irlanda. Desde el mismo momento que puse un pie en tierra sentí la adrenalina de una aventura que aún hoy todavía no ha terminado.

Pero toda buena aventura, si no es contada, pierde la magia y acaba olvidada en un rincón de la memoria, sola, mugrienta y triste. Por ello, antes de que eso suceda, voy a airearla bien y haceros a todos vosotros, los que os plazca curiosear, partícipes de ella.

Enjoy the ride ;)